El fin del sueño de la izquierda latinoamericana

Gráfico de Ramen IR (https://ramenir.com/2016/05/23/venezuelas-hemispheric-isolation/) que muestra la diferencia de tendencia ideológica entre el 2012 y el 2016.

Luego de su época dorada (aproximadamente desde 1999 hasta el 2012), la izquierda tuvo una rápida y desastrosa decaída. A principios del siglo, la ola roja llegó a representar dos tercios de los países democráticos de América Latina: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Hoy, solo seis de esos 12 países mantienen un gobierno de izquierda: Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela. Cada uno de ellos muestra escándalos por corrupción, protestas, impopularidad, crisis económica y bancarrota.

Una América Latina golpeada por el neoliberalismo llevó al poder a nuevos líderes de izquierda. El primero en la corriente socialista fue Hugo Chávez, que en 1999 llegó a la presidencia de Venezuela. Chávez se convirtió en un símbolo de cambio, con un discurso enfocado en la disminución de la brecha entre clases sociales y con la implementación de políticas de bienestar público. Sin embargo, el hilo de esperanza en la izquierda latinoamericana se desvaneció rápidamente al observar los resultados catastróficos que dejó atrás el llamado socialismo del siglo XXI, como la hiperinflación y corrupción, que se hicieron aún más evidentes con su sucesor, Nicolás Maduro. A pesar de que Venezuela es uno de los países que se mantiene con gobierno de izquierda, existe un descontento palpable en sus ciudadanos, que protestan por un cambio y emigran buscando un futuro mejor. Este es el caso de muchos otros gobiernos de corte socialista.

Un periodista de The New York Times, Jorge Castañeda (2016) expone las principales razones para la decadencia de la izquierda en Latinoamérica.

  • Mala gestión de fondos: En primer lugar, Castañeda expone que "el problema es que ninguno ahorró para las inevitables vacas flacas”. El periodista explica que hubo una época de bonanza en los recursos y materia prima que permitieron invertir en programas sociales, pero cuando el precio del petróleo comenzó a caer, no hubo una malla de contingencia que permitiera seguir con los proyectos propuestos. “Como fichas de dominó, los países vieron desplomarse sus tasas de crecimiento, hubo recortes en el gasto social y eso provocó un gran malestar entre los ciudadanos", precisa Castañeda.
  • Corrupción: Para Castañeda, muchos líderes de la izquierda latinoamericana “estaban tan enmarañados en la tradición de prácticas corruptas como sus predecesores conservadores, civiles o militares, electos o impuestos". Recordemos el escándalo en Brasil de Petrobras, la estatal petrolera, el mayor caso de corrupción brasileña por lavado de dinero, que causó pérdida de más de 2.000 millones de dólares, bajo el gobierno izquierdista de Dilma Rousseff, quien fue destituida en el 2016.
  • Abuso de poder: Otro error fatal de los políticos de izquierda en América Latina es la manipulación de las estrategias gubernamentales y la censura. "Algunos amordazaron a la prensa, se pusieron en contra del poder judicial, acosaron a los líderes de oposición y manipularon los sistemas electorales. Otros fueron derrotados en la lucha contra el crimen organizado y la violencia", señala Castañeda.

En los líderes sociales latinoamericanos se extendió una visión de la izquierda de corte autoritario, que se reflejó en políticas antidemocráticas, censura a los medios de comunicación, hostilidad al sector empresarial y una apelación a un populismo que, si bien funcionó al principio, no bastó para mantener el apoyo de sus electores. Tanto en gobiernos de derecha como de izquierda ha existido la corrupción, problema endémico en Latinoamérica. A estos conflictos se le suma un gasto público mal planificado que no atiende los problemas estructurales que causan la brecha entre clases sociales.

Por otro lado, mientras esta desigualdad se perpetúe, el sueño de la izquierda no va a cesar por completo. La historia ha demostrado que mientras haya gente inconforme siempre va a existir una contraparte al gobierno de turno, sin importar el partido. Es un círculo vicioso. Así como no hay luz sin oscuridad, no hay derecha sin izquierda y viceversa.

 

Latin American Post | María de los Ángeles Rubio

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